La Nota Nostra

Pechakucha Night

Era muy pequeño, creo que tenía diez años, mamá trabajaba en el Paso, iba y venía, unos cuatro días a la semana. Ocho años atrás mamá buscó a su ex marido, o no se como llamarle, ya que solo iba a hacerle un hijo por visita. Total, lo buscó porque le quitaron el pasaporte en el puente Santa Fé. Requería ayuda para renovarlo, lo merecía, ya que le había dado 4 hijos, sin embargo aquel respondió furioso.

Ramón Quintana Woodstock

 

 

 

 

 

 

 

 

Pechakucha Night

 

 

 

 

Ramón Quintana Woodstock

 

 

 

Era muy pequeño, creo que tenía diez años, mamá trabajaba en el Paso, iba y venía, unos cuatro días a la semana. Ocho años atrás mamá buscó a su ex marido, o no se como llamarle, ya que solo iba a hacerle un hijo por visita. Total, lo buscó porque le quitaron el pasaporte en el puente Santa Fé. Requería ayuda para renovarlo, lo merecía, ya que le había dado 4 hijos, sin embargo aquel respondió furioso.

 

La emisaria era mi hermana, la mayor, de no más de 14 años, apenas una niña, ella recibió una andanada de insultos para que se los llevara de encargo a mi madre. Le dijo que era una puta. El que escribe fue la manzana de la discordia, estaba enojado porque creía que Soledad se había embarazado de otro hombre, él ya tenía otra pareja e hijos de la mismas edades que mis hermanos, y aun así estaba perturbado por un ataque de celotipia.

 

Sin saber leer ni escribir, sin casa, y con cinco hijos que sostener, tomó valor y comenzó la aventura más grande de su vida, sacó empuje quien sabe de donde, le comenzó a funcionar el corazón, no hablo de la válvula cardiaca, hablo de ese valor que se lleva implícito en el alma femenina, en la garra de una fiera herida de muerte que defiende lo que le queda. Así con ese espiritú y una sonrisa fruncida, alternó el trabajo de madre y “mojada”. El Rio Bravo (Rio Grande para los de allá) se hizo su amigo, se paseó encima de sus aguas por muchos años, y fue un deliberado cómplice que patrocinó el pasaje para llegar a las casas donde trabajó hasta el día de su muerte.

 

Las historias de sus aventuras fluyeron por muchos años, entonces deseaba conocer El Paso, ya que por mi mente aparecían decenas de fotografías que yo imaginaba, que tal vez no eran reales pero ahí estaban y me acompañaban el sendas fantasías. Un buen día llegaron a mis manos unos binoculares, me postraba en la cima de la terracería y con ellos revisaba cada centímetro de la Sun City. Me ilusionaba ir con mamá al Paso.

 

Muchísimas veces me contó cómo la agarraba “la migra” y la aventaban hasta El Porvenir. El antídoto t

del Border Patrol era hacerles daño, y dejarlos lo más lejos posible, como una especie de escarmiento, para que ya no regresaran, ella y los otros que como Chole osaban cruzar el Rio Bravo. Ciertos días al año había caras largas en casa porque se le había caído su plan y regresaba desde muy lejos cansada y con el tormento de recuperar ese día de trabajo. No obstante, en casa no faltaba nada, todos iban a la escuela y nunca faltó algo de comida.

 

Los años pasaron y dejó de ser ilegal, ahora la joroba del puente era su zona de tránsito. Yo crecí a su lado, y un día llegué por la noche y le dije que por fon había culminado la universidad, eso la llenó de orgullo. Luego pasó lo que siempre pasa en este aborrecido mundo en que todo tiene vigencia: murió. Aún me duele pero lo he asimilado y vivo con ello, soy funcional, tanto así que aprendí cómo hacer buenos amigos, uno de ellos llamado Heriberto, fotógrafo, me encaminó a la ciudad con la que soñé de niño. Ahora en el 2018 me encuentro enfrente de la Plaza de los Lagartos, donde mi madre esperó cientos de veces el “bus” y donde se sentó a comerse los burritos que se llevaba de lonche.

 

Estoy en una modesta silla, completamente solo, no ha llegado nadie a la invitación de esta noche, hay una alfombra limpia y un clima excepcional, desde los grandes ventanales, veo hacia la plaza, la vieja plaza de mi madre, afuera en el barandal del establecimiento hay un pendón que dice Pechakucha Night 20x20, dentro de media hora seré expositor de mis fotos, soy el único juarense, y soy el único hijo de una indocumentada. He tenido ganas el llorar, pero no es el momento.

 

Con un inglés bastante limitado la exposición fue un éxito. Mi mamá no pudo ver esto….pero hasta donde ella esté: gracias por ser quien fuiste y por enseñarme a ser quien soy.

 

 

 

 

Ramón Quintana Woodstock
refrigerador97@hotmail.com

FB: Ramón Quintana W.

 

 

 

Ramón Quintana Woodstock
refrigerador97@hotmail.com


Ramón Quintana Woodstockes Licenciado en Derecho, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Licenciado en Psicología, con maestría en Investigacion. Es oriundo de Cd. Juárez en la zona poniente-periferica. Es comunicador en el IMER, fotgrafo de ocasión y columnista por necesidad. FB: Ramón Quintana Woodstock. El-mail: refrigerador97@hotmail.com

 


Martes, 10 de Julio de 2018

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