Leviatán

Laura Zapata

Le llamamos sociodrama, la gente que trabajamos con personas sumidas en las adicciones, realizamos esta actividad. Se trata a grandes rasgos de orquestar una obra de teatro improvisada, en donde se le da un tema al grupo de participantes, previamente se les habla por ejemplo de lo que es la figura materna o paterna, conciencia de la enfermedad, control de impulsos, etc. En general nos permite ver más allá de lo que el paciente habla, dice o defiende. Este mismo orquesta su propio papel ya que entre todos definen quién será quién. Es decir, se pone a dialogar al inconsciente, y básicamente lo que ejercita es escupir eso que se oculta. -Por ejemplo- un hombre que patea perros dentro del sociodrama, habla por si solo de lo que acontece en su cotidianeidad.

Ramón Quintana Woodstock

 



 

 

 

 

Laura Zapata

 

 

 


Ramón Quintana Woddstock

 

 

 

Le llamamos sociodrama, la gente que trabajamos con personas sumidas en las adicciones, realizamos esta actividad. Se trata a grandes rasgos de orquestar una obra de teatro improvisada, en donde se le da un tema al grupo de participantes, previamente se les habla por ejemplo de lo que es la figura materna o paterna, conciencia de la enfermedad, control de impulsos, etc. En general nos permite ver más allá de lo que el paciente habla, dice o defiende. Este mismo orquesta su propio papel ya que entre todos definen quién será quién. Es decir, se pone a dialogar al inconsciente, y básicamente lo que ejercita es escupir eso que se oculta. -Por ejemplo- un hombre que patea perros dentro del sociodrama, habla por si solo de lo que acontece en su cotidianeidad. 

 

En ocasiones el paciente no es nada expresivo, pero sorprende con su capacidad histriónica. Entonces hay que ponerle atención al papel que elabora, ya que él mismo hará una radiografía de quién es, es decir,  en pocas palabras lo que habla es el inconsciente. Aunque la corriente fundada por Sigmund Freud está algo desacreditada y a veces en desuso, Freud sigue siendo un referente, en pleno siglo XXI, algunas de sus teorías se siguen explotando, así mismo se fusionan con otras prácticas más modernas en una suerte de interdiciplinariedad, en donde el psicoanálisis funciona como un agente sumatorio.

 

Traje a colación este episodio ya que he visto algunos de los papeles de la señora Zapata, todos se parecen y coincidentemente siempre es mala. A lo largo de los años los productores la han considerado para dramatizar villanas, su cara armoniza con sus gesticulaciones, además su condición social de “mujer de high society”, le dan otro abono a sus protagónicos, en donde le toca despreciar (difícil papel), su seño fruncido y esa actitud pedante, soberbia, altanera, y exenta de toda humildad, y claro, su derroche de buen histrión, hacen que la señora tenga trabajo en los papeles que el inconsciente, el consciente, y los directores  le demandan. Todo lo anterior batido, equilibran bien para dar ese resultado agrio, fatuo que la hacen ser: Laura Zapata.

 

Laura tiene una inmensa trayectoria, valiosa toda, pero el mundo de la farándula es  como el beisbol: “a veces en la sombra y a veces en el sol”.  Diferentes conflictos han hablado de su personalidad explosiva, como adeudar más de 70  multas, siendo su argumento:  No pago tenencia ni verificación porque van a los bolsillos de estos mañosos que no cumplen con las promesas de campaña y solo roban”. Por supuesto fue una justificación altamente NOVEDOSA, conciensuda, prudente e inteligente, tanto así que más de medio México le siguió los pasos.

 

Recientemente le preguntaron sobre Yalitzia Aparicio y respondió en tono de broma “La suerte de las feas”. Freud también escribió sobre el chiste y su implicación en la conducta, sus postulados se resumen en un dicho mexicano: “entre broma y broma la verdad se asoma”.  En este momento nuevamente habló el inconsciente, es decir, sale a flote la verdad de esa personalidad oculta (a veces no tanto). Aunque haya agregado:  “No, no es cierto” concatenado a una falsa sonrisa ACTUADA. La actriz logró que la comunidad de las redes la mitificara ahora si, como una villana de la vida real.

 

Ni todo el dinero, ni toda la “clase”, ni toda su trayectoria la pondrán en la alfombra roja de los Oscares. Ella como muchas, están molestas porque una indígena oaxaqueña sin trayectoria en los tablados, esté nominada al máximo premio de la actuación. En el fondo se percibe ese aroma clasista, colonial en donde los indígenas tienen pocas posibilidades siquiera de vivir en la ciudad. Si se les ve con un auto nuevo en lugar de felicitarlo se le fustiga: “mira, pinche indio, el coche que maneja” 

 

Lamentablemente en México los parámetros de la “mujer actriz exitosa”, la edificó en buena parte Televisa, quien a través de sus melodramas construyó la imagen de un México en sentido inverso; en donde abundan personajes güeros con ojos de color y mansiones con cenicientas. En la vida real, todos sabemos de qué color es el país donde vivimos: es cobrizo y no hay cenicientas.

 

Yalitzia Aparicio fue ungida de fortuna -no es su culpa-. Después de Benito Juárez García, no ha existido otra persona pública tan popular que enarbole las raíces realmente mexicanas. Lo siento por todas las divas del cine mexicano, esbeltas, ojiverdes, blancas, y buenas actrices, de momento la gloria -con un matiz de casualidad si gustan- es de una mujer de 26 años, de piel de bronce, maestra, quien si es una cenicienta de Tlaxiaco, Oaxaca…  

 

 

 

Ramón Quintana Woodstock
refrigerador97@hotmail.com

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Ramón Quintana Woodstock
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Ramón Quintana Woodstockes Licenciado en Derecho, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Licenciado en Psicología, con maestría en Investigacion. Es oriundo de Cd. Juárez en la zona poniente-periferica. Es comunicador en el IMER, fotgrafo de ocasión y columnista por necesidad. FB: Ramón Quintana Woodstock. El-mail: refrigerador97@hotmail.com

 


Sábado, 09 de Febrero de 2019

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