Flash Informativo... Desde que tomó las riendas del Ejecutivo en Chihuahua, el corralismo operó para tomar el control de los demás poderes en el estado, empezando por el Judicial. (...) / Francisco Flores Legarda (Cartas al director)
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Trasfondo

Los signos del fin del mundo/Los sismos de otoño

 

Carlos Murillo González

“…Todo poder emana del pueblo…el pueblo tiene en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar su forma de gobierno.”
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos


Los signos del fin del mundo

Tantas cosas pasando en tan corto tiempo: huracanes, terremotos, tsunamis, el retorno de la Guerra Fría, crisis económicas, escasez de agua, todo pareciera indicar la próxima destrucción del mundo como lo conocemos. ¿Estos fenómenos son cíclicos o naturales?, ¿los ha provocado la misma especie humana?, ¿estamos viviendo el fin de los tiempos, la extinción del homo sapiens y otras especies?


Más Trasfondo

Juego de Ojos

Para decir México


Miguel Ángel Sánchez de Armas


El sábado fue un hito mexicano, un antes y un después político y social sin paralelo en el presente siglo. Vivimos una jornada de símbolos durante la cual la invocación más frecuente fue aquella que nos identifica como nación y como pueblo, la representación de una solidez de raíces profundas: México.


Decir “México” ¿será como el personaje de la novela de Luis Arturo Ramos quien, rumbo a la América y a la mitad de la mar océano, se pregunta en qué momento dejará de decir “Méjico”, con jota, para comenzar a decir “México”, con equis?


México, lo mexicano, son vocablos que salpican nuestra conversación pero a los que muy raramente damos más que una referencia geográfica: nacimos al sur del Bravo, crecimos en suelo azteca y esperamos que un día nos cubra “esta tierra que es tierra de hombres cabales”.


Más Juego de Ojos

 

MarcaPasos

EXIGIR A LA POLICÍA MILITARIZADA EL CESE INMEDIATO DE LA LLAMADA ''REVISIÓN DE RUTINA''


Leobardo Alvarado


Exigir el cese inmediato a la “revisión de rutina” y evitar la tentación de establecer “retenes para prevenir” la inseguridad, debería ser la primera preocupación para la sociedad, para organizaciones sociales y gobiernos locales ante la manera en que el gobierno federal inició acciones para detener la violencia e inseguridad, porque De facto se ha instalado lo que será la Guardia Nacional.


Sobre todo, esto debiera ser prioritario para la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, atendiendo a la dolorosa experiencia de Ciudad Juárez con la militarización.


Lo ideal es que hubiera una oposición general a la militarización de las policías locales, pero ya sabemos que no sucederá. No al menos si la población agraviada no es la que lo demanda.


Más MarcaPasos

 

desde
España


¿Hacia un Brexit traumático?

Germán Gorraiz Lopez

El Brexit y el triunfo de Trump escenificaron el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos que podían intermodelar o simular varios futuros alternativos y en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial a la vieja Europa.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

México, Sancho y yo


Renward García Medrano


Yo tuve un amigo y maestro, viejo periodista, que no sólo me indujo al oficio, sino que iluminaba con su inteligencia aguda y heterodoxa, los laberintos de la vida del país y del mundo en los dos decenios que nos frecuentamos. Cada semana me reunía a desayunar con don Horacio Quiñones y a veces, con algún invitado. Coincidíamos en mucho, pero teníamos diferencias. Para él era claro que todos los títeres, incluyendo al grueso de los políticos, estudiantes y soldados, eran movidos por las pugnas precoces de la sucesión presidencial, y no por el choque de generaciones y mucho menos de ideologías.

En la huelga estudiantil de 1968, como profesor de la Escuela Nacional de Economía pasaba las noches que podía en la UNAM, al igual que otros y más meritorios amigos, como Lalo y Pablo Pascual, Eliezer Morales o Rolando y Fallo Cordera (Yo no conocía a Woldenberg). Don Horacio no cedía en sus opiniones sobre la marcha de los acontecimientos. La sociedad estaba dividida. Los mayores criticaban a los jóvenes y éstos llegábamos a veces al extremo de la ruptura. La incomunicación inició la debacle de la institución familiar.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

Ve y dilo en la montaña

Leo en Tiempo de morir -el estrujante testimonio sobre el motín de la cárcel de Attica en 1971- el pasaje del  agitado encuentro de Tom Wicker con James Baldwin. Wicker, reportero, rubio y waspiano, grita a Baldwin, escritor negro y revolucionario, que gustoso daría su piel blanca a cambio del talento literario de su amigo.

Wicker era un reconocido periodista, jefe de la corresponsalía en Washington del New York Times. Frecuentaba los círculos intelectuales, políticos y económicos de la capital del imperio. Sus columnas eran lectura obligada entre la clase dominante, en donde nadie olvidaba que durante cuatro horas el viernes 22 de noviembre de 1963, sus despachos fueron las únicas noticias del atentado a Kennedy en Dallas. Vivía en una gran casa, sus hijos asistían a los mejores colegios… pero se sentía fracasado: sus aspiraciones literarias quedaron en seis novelas que no cambiaron el mundo; tenía sobrepeso y vivía un divorcio. En la tarde del 10 de septiembre de 1971, después del almuerzo en un exclusivo club privado, recibió la noticia de que los presos amotinados en Attica lo querían como testigo de las negociaciones con las autoridades; y de esa experiencia nació Tiempo de morir, quizá el motivo de la discusión con Baldwin.  

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

Ve y dilo en la montaña

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

         Leo en Tiempo de morir -el estrujante testimonio sobre el motín de la cárcel de Attica en 1971- el pasaje del  agitado encuentro de Tom Wicker con James Baldwin. Wicker, reportero, rubio y waspiano, grita a Baldwin, escritor negro y revolucionario, que gustoso daría su piel blanca a cambio del talento literario de su amigo.

 

         Wicker era un reconocido periodista, jefe de la corresponsalía en Washington del New York Times. Frecuentaba los círculos intelectuales, políticos y económicos de la capital del imperio. Sus columnas eran lectura obligada entre la clase dominante, en donde nadie olvidaba que durante cuatro horas el viernes 22 de noviembre de 1963, sus despachos fueron las únicas noticias del atentado a Kennedy en Dallas. Vivía en una gran casa, sus hijos asistían a los mejores colegios… pero se sentía fracasado: sus aspiraciones literarias quedaron en seis novelas que no cambiaron el mundo; tenía sobrepeso y vivía un divorcio. En la tarde del 10 de septiembre de 1971, después del almuerzo en un exclusivo club privado, recibió la noticia de que los presos amotinados en Attica lo querían como testigo de las negociaciones con las autoridades; y de esa experiencia nació Tiempo de morir, quizá el motivo de la discusión con Baldwin.   

 

         James Arthur Baldwin nació en el barrio negro neoyorquino de Harlem en 1924, en plena depresión. Hijo de un predicador fanático y autoritario, y de una mujer cuya ocupación principal era echar hijos al mundo, Baldwin se convirtió en la voz literaria de los negros norteamericanos principalmente durante las luchas civiles de la década de los sesenta. Su amor por los libros era tan grande como el odio a su padre. En Apuntes de un hijo de la tierra, uno de sus más conocidos ensayos, nos presenta desde el primer párrafo una brutal introducción a su vida:

 

          “El 29 de julio de 1943 mi padre murió. El mismo día, unas horas después, nació el último de sus hijos.

 

          “Durante el mes anterior, mientras esperábamos el desenlace de estos acontecimientos, había tenido lugar en Detroit una de las más sangrientas revueltas raciales del siglo. Unas cuantas horas después de la ceremonia fúnebre de mi padre, cuando su cuerpo aguardaba en la capilla, un motín racial se desató en Harlem [...]

 

         “El día del funeral de mi padre cumplí 19 años. Lo llevamos al cementerio entre despojos de injusticia, anarquía, descontento y odio. Me parecía que Dios mismo había orquestado, para conmemorar el fin de la vida de mi padre, la más sostenida y brutalmente disonante de las obras. Y me parecía también que la violencia que nos rodeaba mientras mi padre se iba de este mundo había sido concebida como un correctivo para la arrogancia de su hijo mayor [...]

 

         “Había decidido rebelarme en su contra por las condiciones de su vida y por las condiciones de nuestra vida, pero cuando llegó su fin comencé a interrogarme sobre esa vida y también, de una manera no antes conocida, me hice aprehensivo acerca de la mía”.

 

         Resulta por lo menos asombroso, después de esta descarnada confesión, saber que Baldwin siguió los pasos del muerto y que adolescente aún fue consagrado como ministro y predicador en la iglesia Fireside de Harlem, barrio que habría de convertirse en el centro literario e intelectual de la comunidad negra norteamericana y escenario de violentas manifestaciones durante el movimiento pro derechos civiles del siglo pasado. Quizá una explicación sea que aquél era en realidad su padrastro pues James fue hijo ilegítimo. Otra, que las misteriosas tensiones en la relación padre-hijo se manifiestan en conductas de complejidad insondable. Sea como fuere, en el púlpito Baldwin se tropezó con la que sería su verdadera vocación, la literatura, aunque ese encuentro no sería evidente de inmediato y pasaría a formar parte del arcano bagaje con el que se ensambla el espíritu de los seres humanos.

 

         En uno de sus numerosos ensayos, casi todos salpicados con pasajes de su propia biografía, asentó que sus tres años en el púlpito lo convirtieron en escritor porque vivió expuesto a la gran desesperación y simultánea gran belleza de la grey a su cargo. Creo que a Baldwin le sucedió lo que al novelista indio R. K. Narayan, quien se alejaba de las ventanas pues desde ellas son visibles millones de historias. Y viéndolo bien, ¿no es lo que pasa a los periodistas, escritores y otros creadores que andan por la vida con los ojos abiertos? En rigor, no hay que ir muy lejos para obtener material.

 

         Baldwin dejó los hábitos y transitó por una serie de empleos manuales antes de establecerse en el barrio bohemio neoyorquino de Greenwich Village y comenzar su vida de escritor. Ahí sobrevivió publicando reseñas de libros en el diario The New York Times e hizo amistad con el autor Richard Wright, quien habría de ayudarlo a conseguir una beca con la cual en 1948 viajó a Francia y a Suiza.

 

         Una vez más vemos cómo, de manera que me resisto a creer sea accidental, una carrera literaria se entrelaza con el periodismo. Durante su estancia en el Village (crisol de espíritus creativos de todas las nacionalidades y razas) Baldwin, no siendo precisamente un reportero, sí fue un periodista especializado que se ganaba la vida escribiendo para los diarios reseñas de los libros que devoraba día y noche.

 

         En 1953 publicó su primera novela, Ve y dilo en la montaña, obra en la que resalta el fuerte acento adquirido en sus años de predicador y que de acuerdo a los críticos, le consagró como el más sobresaliente comentarista negro sobre la condición de los de su raza en los Estados Unidos. La siguiente, El cuarto de Giovanni (1956), es una historia de amor homosexual; Apuntes de un hijo de la tierra (1955) y Nadie sabe mi nombre (1961) son libros de ensayos y memorias de su juventud. Baldwin es autor además de Otro país (1962), La próxima vez el fuego (1963), Blues para míster Charlie (1964), Dime cuánto hace que se fue el tren (1968), Sin nombre en la calle (1972) y los ensayos agrupados en El precio de la entrada (1985), entre otros títulos.

 

          El tratamiento de temas a partir de su abierta preferencia homosexual hizo a Baldwin blanco de acerbas críticas desde los mismos círculos que se beneficiaron con su aporte intelectual y militancia por los derechos de la minoría de color. Eldrige Cleaver, uno de los notorios “Panteras Negras”, lo acusó de exhibir en su obra un “doloroso y total odio hacia los negros”.

 

         “Supongo”, respondió el autor, “que todo escritor siente que el mundo en el que nació es nada menos que una conspiración contra el cultivo de su talento”.

 

         El próximo mes de agosto, 90 aniversario del natalicio de Baldwin, se cumplen también 51 de aquella jornada histórica en que millones de norteamericanos escucharon en Washington a Martin Luther King pronunciar la portentosa oración que bajo el título “Tengo un sueño”, habría de convertirse en el programa de la lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos y el resto del mundo.

 

          Dos existencias destinadas a cruzarse. Mi lado racional puede descartarlo, pero el mágico dice que en lo humano no hay nada accidental, y como Edmundo Valadés, sostengo que hay vidas y obras que están destinadas a complementarse. Llámese como sea, hay entre Baldwin y King coincidencias por lo menos notables, cuando no estremecedoras. Negros, hijos de predicadores y ellos mismos ministros del púlpito, seres de gran potencia intelectual, inconformes, creativos y atormentados por la obsesión de un cambio posible y de una vida mejor.

 

          “Tengo un sueño -exclamó King ante miles de compatriotas reunidos en Washington el 22 de agosto de 1963- de que mis cuatro pequeños hijos un día habitarán un país en el que no se les juzgue por el color de su piel, sino por la entereza de su carácter”.

 

         Baldwin, por su parte, escribiría en un recuerdo sobre su niñez en Harlem: “Sabía que era negro, desde luego, pero también sabía que era inteligente. Ignoraba cómo utilizaría mi inteligencia, incluso si podría aplicarla, pero eso era lo único que poseía”.

 

         No lo sé de cierto, pero es casi seguro que Baldwin estuviera entre la multitud frente al monumento a Lincoln aquel jueves de verano, pues desde principios de los sesenta había regresado de su autoexilio para incorporarse a la lucha al lado de King, sin dejar de buscarse a sí mismo. Otra faceta de este creador: su compromiso con la democracia y contra la opresión. Producto de muchas minorías (negro, pobre, homosexual,  periodista y escritor) en un momento de su exilio decidió que además de su participación intelectual debía ensuciarse las manos como militante. Así, retornó a Estados Unidos y viajó extensamente por las regiones de mayor discriminación racial. Producto de ese tiempo fueron Apuntes de un hijo de la tierra y La próxima vez el fuego.

 

          Aparentemente esa época de su vida también fue amarga y llegó a la conclusión de que las cosas cambiarían sólo por la vía de la violencia. Después del asesinato de sus amigos Martin Luther King y Malcolm X, regresó al extranjero en donde no sólo pudo cultivar una mejor perspectiva de su existencia, sino que encontró una solitaria libertad para su oficio de escritor. “Una vez inmerso en otra civilización –escribió- te obligas a examinar la propia.” James Baldwin, como King y millones de negros norteamericanos, fue producto de ese encuentro forzado y doloroso que conocemos como esclavitud.

 

          Al terminar de redactar estas líneas, por una extraña asociación de ideas recuerdo la novela de Harper Lee, Para matar un ruiseñor, y me pregunto si, guardadas las distancias y circunstancias, James Baldwin podría ser considerado el Atticus Finch de los derechos civiles negros...

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

sanchezdearmas@gmail.com

juegodeojos@gmail.com

Tuit: @sanchezdearmas

Blog: www.sanchezdearmas.mx

 

 

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Miguel Ángel Sánchez de Armas. : Profesor del postgrado en comunicación de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. Doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla. Autor de diversos libros, entre ellos Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia, y En estado de gracia. Conversaciones con Edmundo Valadés. Fundador de la Revista Mexicana de Comunicación y de la Fundación Manuel Buendía, A.C. Ha sido conferencista en universidades del país y del extranjero y tiene numerosas participaciones en congresos nacionales e internacionales. Ejerce el periodismo desde 1968. Su columna semanal “Juego de ojos” se publica en México, Estados Unidos, Sudamérica y España.

 


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Gotera

    No, no y no¡¡
    Tundido por la delincuencia, para desgracia "de los que menos tienen, menos saben y menos pueden", el gobernador durante su corto mandato no ha dudado en suplicar en público le sean enviados tanto soldados como policías federales ya para la sierra, los ingobernables municipios aledaños a la capital, o Juárez.
    Igual, de manita sudada, feliz ha trabajado con el club de delegados y subdelegados del extenso abanico de dependencias federales y descentralizadas en la entidad.
    Pero a la víspera de un nuevo gobierno central, Corral no quiere cambios ni en una cosa ni en la otra. Con ese ánimo agrio se da a la tarea de organizar en la mezquindad a los gobernadores de su partido.
    Y lo hace cobijado e impulsado por la clase adinerada, el sindicato patronal porque, así lo hace parecer: tampoco quiere la separación del poder económico del poder político. Duele el destete.
    No quiere lo que sería una Guardia Nacional y prefiere el evidente y añoso fracaso demostrado de las fuerzas federales, y con ello el de su propia policía, en zonas como la serrana y la fronteriza. A saber qué ganancia hay en ese río revuelto.
    Se niega a un sólo representante estatal del gobierno lopezobradorista. Quizá por que ya no será él quien decida --o sus pares en los respectivos estados-- a que individuo prefiere como embajador. No quiere supervisión.
    Total que por estos días a los panistas no hay chile que le embone, chillan y patalean, claro...todavía con la gruesa daga electoral hundida hasta la empuñadura.


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México:
año nuevo,
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Ramón Quintana Woodstock

 

Me emociona que les emocione que estén emocionados por la independencia de Méjico, me da harto gusto ver como en el cumpleaños de Porfirio Díaz nos pongamos patrioteros, luego el presidente en turno hace el ridículo antes miles de ridículos que se sienten ridículamente Mexicanos porque se ponen unas garras horribles que llevan tufo de campesino revolucionario, con colores patrios; la verdad es que esa ropa lo único que hace es disimular la panzota de ella y de el, de ahí en más no sirve para maldita la cosa.



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La Nota Nostra

Nini

 

Ramón Quintana Woodstock

 

Conforme pasó el tiempo hicieron mella los consejos de mi mamá. Entre otras cosas decía: báñate Ramón. No lo hacía con gusto pero sabía que de no hacerlo me diría con todas sus letras “hueles a sobaco chavalo marrano”. (La palabra chavalo en el norte es muy usual para denominar a los lepes, así que, chilangos, ahí la tienen para que se familiaricen con el caló norteño).

Cada año mi madre me inscribía en la escuela, era la única respuesta que ella le obsequiaba a la ignorancia con la que había crecido en el pueblo, así que por lo mismo el hecho de que faltara o reprobara era como pegarle a Dios en la entrepierna. En ese mismo tenor si aquella me miraba con los chavalos punks, aquello implicaba regañada.

 

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Juárez. ¿Ciudad resiliente?

 

Juan Hernán III Ortíz Quintana

María Luisa García Amaral, además de llamarme pendejo a la menor oportunidad, me decía que la ciudad era la costra de las relaciones sociales. Que en la ciudad se ve reflejada la manera en que la gente vive.

Ciudad Juárez es sucia. Evidencia de ello son los eventos que se anuncian en los postes de la ciudad, la mayoría de mediana calidad e intrascendentes culturalmente, violan los reglamentos municipales, ensucian y a cambio los juarenses les damos nuestro dinero.


Mas Juárez

A la Cabeza

Tenebrosa época

 

Francisco Flores Legarda


Creen tener poder porque acumulan dinero,
si lo pierden no son nadie. Tener no es ser.

Jodorowsky


El 14 de noviembre se dio a conocer la propuesta 2018-2024 que el próximo gobierno aspira a realizar en materia de seguridad. El 25 de noviembre Andrés Manuel López Obrador, en encuentro con militares, pide públicamente el apoyo del Ejército y la Marina para su propuesta, en la cual es columna vertebral la creación de la Guardia Nacional, cuerpo a cimentarse sobre la estructura militar.

Durante la campaña electoral AMLO estaba convencido del retiro de la milicia de las labores de seguridad pública. La propuesta que ahora sostiene es un giro ¿Qué lo hizo cambiar? Sacar a los militares de una actividad para la cual, dicho sea de paso, no están amparados al cien por la ley, generaría un vacío inabarcable por los cuerpos de seguridad de la autoridad civil. La retracción es comprensible en el corto plazo. El giro observado, no sin asombro, supone un pacto con el Ejército ¿Será efectivo? Eso está por demostrarse.


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