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Trasfondo

Ley de seguridad, vuelta al autoritarismo

 

Carlos Murillo González

Culpable o no, ahora tu libertad está en juego
Eduardo Cisneros
 

El fascismo trata afanosamente por establecerse de manera legal en México de mano de la clase política, esa amenaza permanente de hombres y mujeres sin escrúpulos capaces de escupir a su madre o vender la patria si es necesario con tal de seguir mamando del poder. La criminalización de la sociedad no sólo lleva en marcha lo que tiene Calderón de presidente espurio, ahora también será una excusa para reprimir cualquier manifestación legítima u antigubernamental.


Más Trasfondo

Juego de Ojos

El gringo y lo gringo


Miguel Angel Sánchez de Armas


No hay otra manera de decirlo: su problema es que nació gringo y sigue siendo un gringo.

Por favor no se me malinterprete. No hay xenofobia en este juicio. No puede haberla de parte de alguien por cuyas venas corre sangre negra (Camerún), árabe (Andalucía), vikinga (Islandia), teutona (Magdeburgo), mexica (Culhuacán) y trazos de origen tan alejado como Niuatoputapu, una pequeña isla del Pacífico Sur, que ni mi madre pudo explicar cómo fue que se colaron  en la familia.


Más Juego de Ojos

 

MarcaPasos

Análisis descriptivo de la información oficial disponible sobre el COVID en Ciudad Juárez y el estado de Chihuahua


Leobardo Alvarado


Introducción

La crisis del coronavirus es multidimensional: de salud, económica, política y cultural. Es una crisis porque se trata de una situación o coyuntura que supone cambios que tornan ineficaces y ponen en riesgo procesos sociales, estructuras, objetivos y modos de actuar tradicionales, conocidos, usuales y experimentados.  Las crisis cuestionan la eficacia de esos factores sobre los resultados o expectativas que prevalecían antes de esa coyuntura. Generan inestabilidad, incertidumbre y temor. Pueden generar reacciones inesperadas y efectos que agudizan o mitigan las causas que producen la nueva situación o coyuntura. Es multidimensional, porque siendo una crisis de salud provocada por la diseminación de un nuevo virus, impacta las estructuras económicas y políticas y estimula nuevas formas de pensar y actuar en torno a muchos temas de la vida social, como son la responsabilidad individual y la vida en colectividad.


Más MarcaPasos

 

desde
España


George Floyd y la distopía afroamericana

Germán Gorraiz Lopez

La deriva totalitaria sufrida por EEUU durante el mandato de George W. Bush provocó que en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado se llegara en la práctica a anular el principio de inviolabilidad (habeas corpus) de las personas, instaurando de facto el principio de “presunción de culpabilidad” en lugar del primigenio de “presunción de inocencia”, lo que habría quedado como estigma imborrable en las fuerzas de seguridad de los EEUU. Ello tendría su reflejo en la prepotencia, brutalidad y el desprecio racial que destilan las intervenciones policiales en las grandes ciudades de EEUU,elementos constituyentes de la llamada “perfección negativa”, término empleado por el novelista Martín Amis para designar “la obscena justificación del uso de la crueldad extrema, masiva y premeditada por un supuesto Estado ideal”.


Más desde España


Por los caminos de Sancho

Belicosos


Renward García Medrano


Es difícil entender la lógica de los políticos; a veces ni ellos la entienden y se limitan a repetir patrones de conducta que funcionaron hace cincuenta años.  Algunos tienen un espíritu camorrista y suelen estallar con facilidad –“son de mecha corta”, dicen sus amigos– pero por motivos del todo incomprensibles, no dan la cara; agravian, calumnian, descalifican, desprestigian a sus adversarios, pero jamás mencionan sus nombres, como si quisieran evadir la responsabilidad de sus palabras.

Este lenguaje zahiriente pero indirecto, pudo ser útil a mediados del siglo XX, cuando había un partido hegemónico y un sistema piramidal de ejercicio del poder político, en el que un exceso verbal podría ser muy costoso. Pero en el siglo XXI y en un país que tuvo una transición democrática profunda y pacífica, el doble lenguaje de otros tiempos suena tan artificial como sonaría Shakira si quisiera adoptar el estilo de Libertad Lamarque. 

Los políticos de otros países tampoco suelen ser confiables, pero son menos barrocos. Lula, por ejemplo, tiene un talante optimista y llama a las cosas por su nombre; la actitud de Obama es abierta; destila eficacia y claridad. Pero el panismo en el poder sigue estancado en el rencor social soterrado que sale a la luz en el discurso ambiguo pero de una violencia emocional intimidante.


Más por los caminos

 

 

 

 
Juego de Ojos
 

 

La sombra del revolucionario

Martín Luis Guzmán pertenece a ese reducido círculo de seres que desde muy temprana edad ofrecen muestras irrefutables de inteligencia viva y extraordinaria. Originario de Chihuahua (1887), a los trece años editó en Veracruz un periódico escolar quincenal, Juventud, donde publicó un artículo sobre Víctor Hugo y otro sobre “El contrato social” de Juan Jacobo Rousseau. Esto se anota como dato curioso en su biografía, pero creo que en verdad se trata de la primera confirmación de su vocación y amor entrañable por las letras y por el periodismo.

Miguel Angel Sánchez de Armas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La sombra del revolucionario

 

 

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

 

 

    Martín Luis Guzmán pertenece a ese reducido círculo de seres que desde muy temprana edad ofrecen muestras irrefutables de inteligencia viva y extraordinaria. Originario de Chihuahua (1887), a los trece años editó en Veracruz un periódico escolar quincenal, Juventud, donde publicó un artículo sobre Víctor Hugo y otro sobre “El contrato social” de Juan Jacobo Rousseau. Esto se anota como dato curioso en su biografía, pero creo que en verdad se trata de la primera confirmación de su vocación y amor entrañable por las letras y por el periodismo.

 

    El propio Guzmán dijo a Emmanuel Carballo que aunque escribía para sí mismo, publicó a los 21 años un discurso pronunciado en una jornada organizada por estudiantes para conmemorar la Independencia. El tema del discurso fue “Morelos y el sentido social de la guerra de Independencia” y gracias a su publicación, Jesús T. Acevedo lo descubrió y lo llevó al Ateneo de la Juventud.

 

    Atrapado en esta era de nuevas tecnologías, siento nostalgia por la época en que la comunicación interpersonal era la forma de relación por excelencia, porque además de la inteligencia e información que era menester llevar a cuestas para realmente integrarse a esas convivencias, había que ejercer una cualidad que la sociedad moderna anestesió: la capacidad de escuchar a la persona y al grupo. Guzmán cuenta de las largas, larguísimas conversaciones que sostenía con Julio Torri, con José Vasconcelos, con Pedro Henríquez Ureña, con Antonio Caso, con Alfonso Reyes, y de la energía intelectual que chisporroteaba en esos prolongados intercambios.

 

    Pero Martín Luis Guzmán no sólo fue hombre de libros y de ideas. Su interés por la política y una clara visión revolucionaria lo llevaron a unirse a las fuerzas de Francisco Villa con el grado de coronel. Al triunfo de Carranza sobre Villa, Martín Luis partió al exilio y escribió su primer libro, La querella de México, en el que narra su percepción de la Revolución Mexicana. Después vendrían muchos más. Esta dualidad pudiera explicar la gran ambivalencia que en los ambientes intelectuales se percibe sobre este autor.

 

    El águila y la serpiente apareció en Madrid en 1928. Originalmente se llamaría A la hora de Pancho Villa, mas por fortuna este título no fue del agrado del editor, Manuel Aguilar, y se cambió al que conocemos. Los críticos han dicho de ella que “recrea con precisión un acontecimiento histórico, la revolución hecha gobierno, configurando una estética cercana a la tragedia griega para determinar cuáles son los usos y abusos del poder”.

 

    ¿Y el escritor qué pensaba de esta obra? Escuchemos: “[…] yo la considero una novela, la novela de un joven que pasa de las aulas universitarias a pleno movimiento armado. Cuenta lo que él vio en la Revolución tal cual lo vio, con los ojos de un joven universitario. No es una obra histórica como algunos afirman; es, repito, una novela. La sombra del caudillo [...], al mismo tiempo que una novela, es una obra histórica en la misma medida en que pueden serlo las Memorias de Pancho Villa. Ningún valor, ningún hecho, adquiere todas sus proporciones hasta que se las da, exaltándolo, la forma literaria”.

 

    Martín Luis Guzmán incursionó en varios géneros. Además de novela escribió ensayo, biografía, crónica histórica y, por supuesto, textos periodísticos. Su cultura desbordante, su estilo pulcro y pulido, y un gran sentido del deber para consigo mismo como escritor, hacen de los textos de Guzmán una lectura fluida y apasionante.

 

    Pero si debiera elegir una característica de mi predilección en la escritura de Martín Luis esta es la mexicanidad. A este hombre que declaraba haber abrevado en Tácito, Plutarco, Cervantes, Quevedo y Rousseau, le preocupaba el status alcanzado por la literatura mexicana, y de ahí seguramente su inquietud por contribuir al ensanchamiento de lo mexicano.

 

    No resulta así extraño que Martín Luis Guzmán identificara al movimiento revolucionario como el impulsor por excelencia de las letras mexicanas, aunque aseguraba que la llegada de una literatura nacional había sido tardía. Sobre el punto dijo: “La Independencia de México la consumó la clase opresora y no la clase oprimida de la Nueva España. Los mexicanos tuvimos que edificar una patria antes de concebirla puramente como ideal y sentirla como impulso generoso; es decir, antes de merecerla. En estas condiciones no podíamos crear una auténtica literatura nuestra. La Reforma trató de realizar la verdadera Independencia, de romper interiormente el orbe colonial. No hubo tiempo: apareció Porfirio Díaz.”

 

    Aunque quizá la afirmación encierra una injusticia para autores como Fernández de Lizardi, Justo Sierra, Payno, Ireneo Paz, Riva Palacio y otros, lo cierto es que, en conjunto, ningún movimiento había cimbrado a la sociedad mexicana hasta el punto de ser recurrentemente motivo de interés y reflexión en la expresión artística de un pueblo.

 

    En el caso de Martín Luis Guzmán esta veta le costó ser víctima de un abierto acto de censura desde la cúspide del poder político. La sombra del caudillo, novela en la que Guzmán elabora un cuadro preciso sobre la presidencia de Plutarco Elías Calles, apareció en 1929.

 

    De esa obra, John Brushwood apunta que “Es un elocuente comentario sobre el régimen de Calles el hecho de que cuando Guzmán necesitó un hombre honrado tuviera que inventarlo”, en referencia a Axcaná González, el único personaje de ficción en las páginas del libro. Así, cuando La sombra del caudillo llegó a México -pues primero se publicó en España- enfureció al presidente Calles.

 

    Permitamos a don Martín Luis decirlo con sus propias palabras:

 

    “Cuando llegaron a México los primeros ejemplares de La sombra del caudillo, el general Calles se puso frenético y quiso dar la orden de que la novela no circulara en nuestro país. Genaro Estrada intervino inmediatamente e hizo ver al Jefe Máximo de la Revolución que aquello era una atrocidad y un error. Lo primero, por cuanto significaba contra las libertades constitucionales y lo segundo, porque prohibida la novela circularía más.

 

    “El gobierno y los personeros de Espasa-Calpe (editorial que publicó la obra), a quienes amenazó con cerrarles su agencia en México, llegaron a una transacción: no se expulsaría del país a los representantes de la editorial española, pero Espasa-Calpe se comprometía a no publicar, en lo sucesivo, ningún libro mío cuyo asunto fuera posterior a 1910. En Madrid, la editorial se vio obligada a cambiar el contrato en virtud del cual yo tenía que escribir cierto número de capítulos al año, y el cambio se hizo de acuerdo con el requisito impuesto por Plutarco Elías Calles.”

 

    Pero la implacable pareja don Tiempo y doña Historia habría de poner las cosas en su lugar –como siempre- y derrotado el régimen callista y triunfantes la inteligencia y la tolerancia, Martín Luis Guzmán fue acogido con honor y respeto por el presidente Lázaro Cárdenas y los gobiernos subsecuentes. Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en 1940 y en 1958 ganó el Premio Nacional de Literatura y el Premio Manuel Ávila Camacho.

 

    También combinó su incansable tarea de escritor con la de servidor público. Fue Senador de la República. A principios de los sesenta se hizo cargo de la presidencia de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Desde 1942 y hasta el día de su muerte, el 6 de diciembre de 1976, estuvo al frente de la revista Tiempo, que fue en la década de los cuarenta un atisbo de modernidad en el periodismo mexicano, siempre con las limitaciones que imponía el sistema político.

 

    Ahora bien, es durante su desempeño como funcionario y como periodista que Martín Luis Guzmán se forja su mentada leyenda negra. Y valga decir que en esto, como en otras facetas de su vida y obra, tampoco puede uno sugerir accidentes o medianías. En primer lugar se cuestiona la postura de Tiempo ante el movimiento estudiantil de 1968 -calificó a los estudiantes de agitadores y justificó la acción del régimen diazordacista- y se le tacha de reaccionario sin, me parece, tomar en cuenta las circunstancias del momento. Francamente, quienes vivimos aquel año tendríamos serios problemas para separar la paja del grano en cuanto a la actitud de los grandes medios frente al conflicto si olvidamos las correas de control que el régimen ejercía sobre los medios impresos y los incipientes informativos electrónicos.

 

    Emmanuel Carballo dice del asunto: “La leyenda negra de don Martín, en el México de ayer y hoy, de tan común y corriente deja de ser negra; cuando mucho es gris. Como hombre cometió deslealtades, errores y desviaciones ideológicas que empequeñecen su figura; de escasos escritores mexicanos se puede afirmar lo contrario. Como Reyes, supo ser medroso por conveniencia, y como Vasconcelos (hombre también con el orgullo herido) no pudo conservar en la edad adulta y la vejez las ideas generosas y progresistas de los años mozos.”

 

    Variantes de esta afirmación han menudeado y de manera arbitraria se ha confundido su actuación política con su valor como escritor, como si la primera disminuyera al segundo. Este caso mexicano recuerda al argentino Jorge Luis Borges, a quien se reprochaba su posición de derecha. Era frecuente que a continuación de los reconocimientos a la gran calidad de su literatura se añadiera el lastimero “¡pero es tan reaccionario!” en un tono que no admitía refutación y como si tal inclinación política degradara al artista.

 

    ¿No le parece al lector que es temerario mezclar estas consideraciones? A mi sí. Es un camino desafortunado para descubrir revolucionarios y lo es más para apreciar la obra de un creador.

 

    En Martín Luis Guzmán encuentro imaginación, trabajo, persistencia. La ideología puede ponerse a debate, pero su ejercicio periodístico, sobre todo en Tiempo, no lo realizó en la soledad. Colaboraron con él Xavier Villaurrutia, Germán List Arzubide, Francisco Quijano y Leopoldo Zea. Y, como muchas obras que proponen y caminan, la suya estuvo desde siempre sujeta a la polémica, y aún sigue allí, para enfrentar y desmentir las críticas ideologizadas y hacer frente a la prueba del tiempo.

 

 

17 de mayo de 2020.

 

  

☛ @juegodeojos  â˜› facebook.com/JuegoDeOjos â˜› sanchezdearmas.mx

 

 

Miguel Ángel Sánchez de Armas

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Blog: www.sanchezdearmas.mx

 


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Gotera

    Patadas al pasebre.

    Horrible realidad siempre ha de ser la impotencia, el fracaso y, ahí la méndiga paradoja: avistar el éxito deseado pero sólo por acción y voluntad del despreciado adversario.

    Ese, el enemigo a quien se le injuria porque respira o porque deja de respirar, porque me mira y porque no me mira, pero que si no es por su decidida intervención, no más no se logra la captura de César Duarte.

    Así la realidad, mientras estuvo en manos de la sociedad PriPan, el 'gobierno amigo' del Peña Nieto, el asunto nomás no caminó.

    Todo ese tiempo le mantuvieron metido el dedo en la boca al gobernador Corral y sólo se lo sacaban para que saliera a declarar alegre, a cada rato, el "inminente" --hace más de dos años-- arresto del exgobernador de Chihuahua.

    Y así hubiera continuado el circo.

    Claro, de no ser porque finalmente --después de haber sido despojado dos veces por el mismo consorcio prianista en el '06 y en el '12-- llegó a Palacio Nacional quien recién acaba de lograr que Duarte Jáquez haya sido aprehendido en Miami, Florida.

    De ahí la muina.

    Uta mare¡ tener que deberle a ese 'cochino comunista' de Andrés Manuel la victoria --el cumplimiento de la principal promesa de campaña-- que no se hubiera logrado sin él. Vaya ulera ironía¡

    Pero el ojo fanático hace como que no registra tal indispensable intervención y juzgan insignificante, oficioso, el esfuerzo que los favorece. Si mucho, la acotada alusión, de dientes para afuera.

    Porque, claro, continúa la guerra de lodo contra quien se atrevió a reunir más de 30 millones de votos a su favor para llegar a la presidencia y empezar la caza de todo corupto.

    Desde los de mediano pelo, como Duarte, hasta los machuchones...de los que ya se asoman los bigotes.


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Juan Hernán III Ortíz Quintana

Algo que me caga, perdón, me enoja, es que me digan que debo hacer.

No me mal entiendan, puedo tener un jefe y seguir sus instrucciones, o reconocer un líder y sumarme a su propuesta.

Lo que me caga es cuando alguien ve que hago algo y sugiere que actúe conforme sus intereses o conocimientos.

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En lugar de marchar así, deberían marchar asá.

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Deberías de haberte quejado por la termoeléctrica.

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Al despuntar la mañana

 

Francisco Flores Legarda


- ¿Qué es Dios?
 -Si lo defines mientes
 Si lo buscas lo pierdes
 Si lo ves te ves

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El viernes 26 de junio, al despuntar la mañana por el rumbo de las Lomas de Chapultepec, el jefe de la policía de la Ciudad de México -Omar García Harfuch- fue objeto de un atentado. Él resultó herido y dos de sus colaboradores fallecieron. Como es común en el transcurrir de este sexenio, el suceso se convirtió en arma para los detractores del actual gobierno. Esos detractores, que le llaman dictador al presidente de la república, exigen una declaración de guerra en contra de la delincuencia organizada. Un camino fracasado. Nada más recordar la guerra de Felipe Calderón, fue simulación o a medias declaración de guerra, de pacto inconfesado con el crimen. Una guerra traumática cuya lección funesta -que no se ha extinguido- ha sido habituar a la sociedad, en una disposición de resiliencia ante la violencia criminal y sin posibilidades de que la justicia se haga valer.


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